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La
plaza de Francesc Macià nos sugiere la presencia del entorno natural
gavanense: el mar, las montañas... Las líneas curvas del mural son la
abstracción de las formas sinuosas que nos presentan estos dos paisajes.
El
ritmo cromático de los colores rojo sangre y azul se expande, en silencio,
en una armonía suave de fragmentos angulosos. Estamos ante una
disposición especial cuyas esculturas son símbolos de bronce que destacan
sobre el mosaico de trencadís, bajo relieves de un fondo de gres
inalterable y sólido.
Sobre todo esto un objetivo principal: la integración de todos los elementos
que configuran la plaza mediante la transformación de la diversidad
en unidad.
Un espacio lleno de color y de formas, una plaza-planta con frutos de
escultura que se ramifican como prolongación de la naturaleza en que
vivimos.
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